Sol, sol y más sol. Pierdo más de la mitad del agua al meter mal la botella de aluminio en la mochila. Agotamos rápido las cantimploras y el cuerpo no deja de sudar rampa tras rampa. Tres vaqueros que se beberían el pis de una serpiente si se pusiese a tiro. Pero la diversión está servida. Bajadón el que nos esperaba.
El sabor inconfundible de un clásico en ambiente totalmente primaveral. La suerte que nos espera a Rafa, Piter y a mí en el Aspe. Una bajada de las más disfrutiles del valle, sobretodo si nos lanzamos por su bonito tubo sur. En nuestro caso, después remontamos un repecho de regalo ampliando aún más la bajada.